¿Del asesinato como una de las bellas artes?

Eduardo Felippo

A propósito del nombramiento de Eduardo Felippo al frente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología rescatamos un posteo del periodista de Ultima Hora, Blás Britez.

No es necesario haber leído a Marx para darse cuenta de que hay cierta pulsión asesina en el capitalismo. No solo en su origen sino también en la actualidad, cuando ya casi nadie habla de él: como si al nombrarlo se estuviera hablando de un viejo asesino serial que alguna vez mantuvo en vilo al barrio, pero que hoy se ha retirado. Solo aparentemente. 
No es ocioso, igualmente, recordar que según el más tempranero analista de la era del capital, los métodos de acumulación económica no pocas veces se han basado en «el robo y el asesinato, la violencia». Para Marx, la muerte es un problema filosófico central porque en el mundo moderno ella se encuentra directamente relacionada con los avatares del capitalismo por imponer su lógica acumulativa. Por extensión, la muerte tiene que ver para Marx con la explotación del capitalista sobre otros seres humanos, en contra de la vida.

Pienso en esto luego de haber escuchado y leído las declaraciones del presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), Eduardo Felippo, en torno al contrabando, por un lado, y a la ley que obligaría a las patronales a otorgar seis semanas más de permiso por maternidad a las mujeres, por el otro. Parece ser que el representante oficial del capitalismo industrial paraguayo encarna a la perfección esa freudiana pulsión asesina.

Ante el affaire de esta semana en la frontera paraguayo-brasileña, el titular de la UIP se entusiasmó. Con cierto tono místico, dijo en una entrevista radial: «Que maten a todos los contrabandistas, es lo mejor que nos pueden hacer los militares brasileños, si hacen el trabajo que nosotros no sabemos hacer…». El «trabajo» (hay que fijarse en el cine y la literatura cuántas veces la mafia llama «trabajo» al acto de matar) al que se refiere Felippo es el asesinato. Nada de aprehender a nadie, de ponerlo a disposición de la justicia. No: asesinato directo. ¿Eso es lo que busca Eduardo Felippo o toda la Unión Industrial Paraguaya? No supe de ningún fiscal que lo haya investigado por apología del crimen. Más aún porque, al parecer, Felippo tiene una acerada inclinación por la muerte (del otro). El año pasado, cuando otra radio le preguntó qué haría si estuviera en el caso de Antonio J. Vierci (dueño de este periódico) y el contrabando de azúcar del que se le acusaba, Felippo respondió muy alegre: «Mato a mi jefe de compras».

Sobre el permiso por maternidad, filosofó: «La lactancia materna es muy importante, pero también va un poco en contra de la preferencia que pueda haber sobre contar con mano de obra femenina». A mí me queda claro: al parecer la vida de un niño lactante (y la de su madre) está «un poco en contra» de los intereses de las patronales, por lo que la ley no debería prosperar según él.

Ignoro si Felippo apoya las posiciones de las organizaciones «pro vida», quienes suelen interesarse con fruición en los fetos, pero bastante poco en los niños; pero si lo hace, la broma paradójica del «asesinato como una de las bellas artes» del capitalismo, parafraseando a Thomas de Quincey, sería completa.

10 de agosto de 2015

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