El bus, el virus y el Dr.Chequera

Por José María Amarilla

𝐄𝐬𝐜𝐞𝐧𝐚 𝟏Unas 20 personas reunidas alrededor de un partido de Piki Vóley en un terreno baldío de Villa Elisa, en el Departamento Central, al aire libre. Cada quien bebe de su propia lata, mientras dos parejas de contendientes se defienden con pies y manos en una cancha de 18 x 9 metros, alejados varios pasos del público. Nadie lleva tapabocas todo el tiempo.

𝐄𝐬𝐜𝐞𝐧𝐚 𝟐Dos millones de personas por día se apiñan a razón de 70 por tanda, en un cilindro cerrado de metal y vidrio de 8 x 3 metros, durante hora y media, dos veces al día. Son los usuarios del transporte público paraguayo, en el trajinar diario de buscar el sustento. Todos llevan tapabocas a su modo y modelo: unos de tela, otros de trapo, más allá, varios con la nariz al descubierto. Por dinámica de los fluidos, en la práctica, todos están respirando exactamente el mismo aire, con las filtraciones que cualquier mascarilla concede, sin importar su diseño.

𝐄𝐬𝐜𝐞𝐧𝐚 𝟑El Dr. Chequera (personaje ficticio) explica sesudamente que “la falta de conciencia de la gente” provocó la explosión de contagios en el Departamento Central, y muestra con barras y curvas, en qué ciudades alrededor de Asunción “el nivel de contagio está muy alto”… La culpa, dice, es del “piki vóley, del futbolacho, y del asadacho”, todas actividades al aire libre. Según él, la culpa es “de la gente”.Mientras tanto, en los balnearios de gran concentración de personas que disfrutan de un baño primaveral en Alemania, los médicos de Bonn recomiendan que la gente deje de usar tapabocas, porque la probabilidad de contagio de persona a persona al aire libre es casi nula, manteniendo ciertos cuidados de distancia.

Lo que contagia, se entiende, son las gotículas contaminadas que se expanden al toser, estornudar o hablar, especialmente en espacios cerrados. Se sabe eso desde inicios de la pandemia. Pero en el Paraguay, nuestros expertos siguen dando vueltas para no encarar la verdad: aquí el virus viaja en buses y colectivos.

El virus llega a tu casa con la empleada doméstica que viene de Capiatá o con la niñera que va de Ñemby, y a tu oficina, con el auxiliar administrativo que esperó una hora por un colectivo en Mariano…

Ninguno de ellos se contagió en Capiatá, en Ñemby ni en Mariano, sino yendo a trabajar, o volviendo. Pero según los mapas del Dr. Chequera, es en esas ciudades donde abunda el virus.

Un eufemismo para mostrar el qué, pero evitar hablar del cómo… A toda costa, hay que impedir que se hable de cómo las empresas de transporte disminuyen el número de unidades en calle, para que los pasajeros hacinados les rindan mayores ingresos por viaje, mientras extorsionan al gobierno por más y más subsidios, amenazando restar su apoyo en las elecciones municipales que se avecinan. No hay que incomodar a la logística de los votos.

No nos engañemos… El virus no está flotando en el aire de las ciudades… Uno puede contagiarse también en las reuniones sociales. Pero el riesgo mayor –la megaexposición al virus– no es un punto fijo en un mapa, sino un carcacho circulando por las avenidas, transportando seres humanos como sardinas. Estas aglomeraciones valen por 50.000 partidos de Piki al día.

Cuando las premisas son falsas, las conclusiones salen erradas y las decisiones, nefastas. En el Paraguay, el COVID viaja en colectivo, ayudado por una cultura cruel, inhumana y degradante DE LOS TRANSPORTISTAS.

57Lucho Alvarenga, Liliana Boccia y 55 personas más17 comentarios32 veces compartidoMe gustaComentarCompartir

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