El poema del «bife» a Villamayor

Por Mario Casartelli.

Aro, aro, aro, arooo!

Fue un escrache selectivo

–en eso no hay discusión–,

en un restaurant de lujo,

pero hubo concienciación.

Le gritaron: «¡Badulaque,

ladrón, bandido, impostor,

caradura, delincuente!»,

a Ernesto Villamayor.

Oyó, cuando quiso dar

modales de educación:

«Seremos maleducados,

pero ninguno es ladrón».

Y pretendió reaccionar,

con puño prepotentón,

pero un bifacho en la cara,

allí nomás, lo frenó.

Así, sin alternativa,

giró en su resignación,

metió el rabo entre las piernas

y osyryry, se alejó.

Es verdad que sigue impune

con todo cuanto tragó,

igual que sus correlíes

del mando coloradón.

Y hasta se ríen, burlones,

de nuestra muy débil de voz,

que en muy raras ocasiones

se sacude con vigor.

Lo dijimos al principio

de estos versos de octavón

que fue, por cierto, pelea

de ricos del corralón.

Pero así vale una cena,

aunque el gasto sea mayor,

si se presencia esa escena

de delicioso sabor.

PD:

Uno es jaguá de HC,

otro es del presidentín.

¿Serán estas bravuconas,

de ambas facciones, el fin?



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