El secuestro bueno y el secuestro malo

Por Eduardo Bogado Tabacman

Existe consenso en el derecho internacional en considerar como un delito el secuestro, o la toma de rehenes, que es la terminología utilizada.

Las convenciones de Ginebra lo condenan como crimen de guerra. En ese misma línea se afirma el Estatuto de Roma, que dió lugar a la creación de la Corte Penal Internacional. También las convenciones internacionales de derechos humanos, lo consideran una violación de los derechos fundamentales a la vida, a la seguridad y a la libertad, derechos fundamentales universales inherentes a todo ser humano, por su sola condición de tal.

El gobierno paraguayo sin embargo, no lo entiende así. Los secuestros serían condenables, pero no en todos los casos. El gobierno defiende la tesis de que cuando a las víctimas de los secuestros, se le atribuyen otros delitos, como el del secuestro, el crimen deja de ser abominable. Es lo que ocurre con el secuestro del que habrían sido víctimas Arrom y Martí, que en el discurso oficial no merece la misma consideración que cualquier otro secuestro. Habría un secuestro malo, por un lado, y por otro, un secuestro bueno, o que merece ser pasado por alto.

Este enfoque compromete la posición del estado paraguayo ante las instituciones encargadas de velar por el respeto de estos derechos a nivel internacional, y produce el efecto contrario al buscado.

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