Justicia made in Paraguay

Por Mario Casartelli

¿Quién cree en la justicia paraguaya, osea, en quienes la administran? Plagada de jueces y fiscales serviles a poderosos intereses, se granjearon desde hace tiempo la fama de plantadores de pruebas estúpidas.

Ahí tenemos de ejemplo las botellas de plástico y el par de rollos de papel higiénico que presentaron para hacer padecer a campesinos pobres e inocentes por el caso Curuguaty;

ahí lo que están haciendo con Edgar Martinez Sacomann, el del caso Cannabis medicinal, contra quien presentan «pruebas» también delirantes;

ahí lo del profesor-magistrado, acosador con el ya famoso «mero galanteo» a una alumna en la universidad, muchacha que lo denunció y al final tuvo que ir a buscar refugio en Uruguay, porque el «magistrado-profesor» decidió replicar con una contrademanda exigiendo miles de dólares, y en cuyo litigio la alumna tiene todas las de perder, porque ni siquiera el Parlamento logró disuadir al «proesor» en su obstinación querellante, y la Iglesia católica, al cual él pertenece, mutis por el foro, lo que no es extraño.

A esto se suma lo del violador «mitã porã» de Paraguari, absuelto porque «el pichulin metió sólo en la boca y no en otra parte» de la criatura sometida.

En fin, la historia de siempre: grandes mangurujuses delincuentes libres y simples ladrones de gallinas entre rejas, con una «justicia» que se burla del país, cuyos miembros hacen lo que se les antoja y del modo que se les antoja, sin ya siquiera disimular nada de nada. Terrorismo de Estado.

La vieja frase stronista «para qué somos lo que somos si no vamos a hacer lo que queremos» está encarnada en ellos.
Razón por la cual ni la ONU ni Uruguay ni Finlandia se tragaron los burdos alegatos presentados por estas «autoridades» paraguayas contra Juan Arrom y Anuncio Martí. Y sólo un demente cómplice como Bolsonaro sería capaz de prestarse a las jugarretas de sus amigotes de Paraguay y anular el estatus de refugiados que amparaba en Brasil a los acusados.

Y hablando de gobiernos perversos, ahí está lo que hizo el delincuente de Lenin Moreno con Julian Assange, la víctima acusada por hampones. Menos mal que Moreno ya tiene las horas contadas en Ecuador. Pero, aún así está dispuesto –y lo está haciendo– a hacer derramar sangre del pueblo.

Estos gobiernos hacen lo que gobiernos serios no harían. ¿Y quién estaría dispuesto a someterse a las locuras de sus fiscales perversos?

Ahora, autoridades del gobierno paraguayo, impotentes ante las leyes internacionales, buscan chivos expiatorios y se lanzan, sin prueba alguna, por supuesto, con su séquito de propagandistas venales, contra el abogado Hugo Ruiz Díaz, buscando instalar ante la opinión pública el mote de «cerebro que pergeñó la fuga de Arrom y Martí». Disparates tras disparates. ¿Se tragará estos mamotretos la opinión pública?

Vamos al grano: Arrom y Martí, como miles de paraguayos y paraguayas que no creen en la justicia paraguaya (Tacumbú tiene largo historial en crímenes oscuros) apelaron a las leyes internacionales.
Y la cosa es sencilla: solicitaron refugio al gobierno finlandés y se les concedió. Por tanto, no existe fuga cuando hay refugio. Son refugiados, no fugados, pese a la prensa maledicente. Refugiados, repetimos, acogidos legalmente por el gobierno de Finlandia, que tampoco cree, como es obvio, en la justicia paraguaya.

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