Celso Amorín

Seis días después del arresto del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel lanzó, a través de una plataforma en línea, la campaña para que Lula fuera propuesto para recibir el premio que Pérez Esquivel recibió en 1980.

Ahora, cuando se cumple un año del encarcelamiento de Lula, ese pedido sigue teniendo toda su legitimidad.

A Pérez Esquivel se le ocurrió la idea antes del 7 de abril de 2018, el día de la detención. Se encontró con el ex presidente en el Instituto Lula de San Pablo y fue entonces cuando se la mencionó.  

De la reunión participó Carol Proner, la abogada de la Asociación Brasileña de Juristas por la Democracia. Me uní a Pérez Esquivel y a Carol.

El Nobel de la Paz 1980 basó su propuesta en el trabajo de Lula para eliminar el hambre en Brasil y la influencia que el programa Hambre Cero tuvo en todo el mundo, tanto como un modelo o traducido en programas de cooperación en América Latina, el Caribe y Africa.

La importancia de la iniciativa de Lula no pasó desapercibida para diversos líderes mundiales. El presidente francés Jacques Chirac se unió entonces a nuestro presidente en una campaña mundial para combatir el hambre y la pobreza, a la que se sumaron otros jefes de Estado como Ricardo Lagos de Chile y José Luis Rodríguez Zapatero de España, además del secretario general de la ONU, Kofi Annan.

En 2004, cuando Lula llevaba un año en la presidencia, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas se celebró una reunión en la cumbre en la que participaron unos cien países. Estuvieron presentes unas pocas docenas de jefes de Estado y de gobierno.

Recuerdo, incluso hoy, la frase que oí casualmente de un diplomático francés. Al entrar en el lugar de la reunión le comentó a un colega: “Brasil abraza al mundo”.

Obviamente, todo ese esfuerzo hubiera significado poco sin el resultado concreto: el gobierno de Lula sacó a 40 millones de brasileños de la pobreza extrema. Así Brasil salió del mapa mundial del hambre de la FAO, el ente de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Esta hazaña, sin precedentes en la historia, fue el resultado de una voluntad política y una capacidad de movilización rara vez vistas, y se llevó a cabo en un entorno totalmente democrático, sin violencia ni conflicto.

La victoria contra el hambre hizo de Lula uno de los líderes más admirados del mundo, independientemente de su nivel de desarrollo o inclinaciones ideológicas.

La lucha contra el hambre en Brasil y la campaña global ya serían razones suficientes para hacer que Lula sea digno del honor propuesto por Pérez Esquivel, petición que ya cuenta con casi medio millón de simpatizantes, incluida una amplia gama de figuras de la política, los movimientos sociales, la cultura la academia y las artes.

Pero las políticas de Lula tuvieron otros efectos igualmente importantes para la paz de la región y del mundo. Ya sea a través de la integración sudamericana o mediante acciones directas para el diálogo y la conciliación, el ex presidente contribuyó de manera decisiva para que los problemas internos y externos del país se resolvieran de manera pacífica.

Más de una vez las naciones desarrolladas y los medios internacionales reconocieron su papel de pacificación. Lo ilustra, entre otros ejemplos, la creación del Grupo de Amigos de Venezuela, que evitó una guerra civil en nuestra nación vecina, y la mediación de Lula en el conflicto entre el Altiplano y la Media Luna en Bolivia.

El Brasil de Lula también ejerció este papel en temas de alcance global. En el Medio Oriente, Brasil participó, invitado por Washington, en la Conferencia de Annapolis, que relanzó la ruta hacia la paz entre Palestina e Israel, basada en el concepto de dos Estados que coexisten de modo seguro para ambos.

Junto con Turquía, Brasil participó en las negociaciones de la Declaración de Teherán, que fue el precursor del acuerdo firmado años después por los Estados Unidos y otros cinco países con Irán.

Todos estos hechos me recuerdan, cuando se habla de Lula y el Premio Nobel, la frase del presidente Obama:  “El es el hombre”.

* Celso Amorim fue ministro de Relaciones Exteriores (2003-10, administración de Lula) y  ministro de Defensa (2011-15, administración de Dilma Rousseff) y preside el Comité Internacional de Solidaridad en Defensa de Lula y la Democracia en Brasil.

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