Por Marcelo Lachi (*)

Me enteré esta mañana que la Rectora de la Universidad Nacional de Asunción UNA, Zully Vera, la semana pasada, durante las elecciones de la terna para la Presidencia del CONACYT, señaló públicamente que su voto estaba prometido a Eduardo Felippo. Exacto, al principal verdugo de la libertad de investigación en el Paraguay, el personaje que quiere copar el CONACYT para establecer quién tiene derecho a investigar (los amigos) y quién no tiene ese derecho (sus enemigos); y que para conseguir este objetivo no tiene duda en utilizar cualquier medio a su alcance, legítimo o no, ético o no.


Al principio, al enterarme de esta noticia, me quedé sorprendido, pero al reflexionar un poco empezaron a aclararse mis dudas. Hay que dar un paso atrás en el tiempo: hace algunas semanas el CONACYT, bajo presión de los Felippo, aprobó un Reglamento de Conflictos de Intereses inconstitucional, ilegítimo y violador de derechos.

A través de ese reglamento lo que se quería era privar a todo miembro del Consejo el derecho que sus instituciones postulen a proyectos de investigación. Ahora, a parte que por transparencia el Consejo no puede elegir proyectos, selección que está a cargo de académico extranjeros, lo que elimina desde la base todo conflicto de interés; lo que resulta claro es que la víctima designada de ese esperpento reglamentario eran la Sociedad Científica y las Universidades, siendo esa una forma de amedrentarles y quitarles su categoría de miembro pleno del Consejo, así como establece la ley.

Felippo no se hizo rémora de presentar en el Consejo un cuadro donde se contabilizaban los proyectos que por “conflicto de interés” no iban a ser aprobado, siendo más de 100 los que correspondían a la UNA.
Frente a esta clase de amedrentamiento hubiéramos podido esperarnos una denuncia pública por parte de la Rectora acerca de la actitud represiva hacia la UNA por parte de los Felippo, sin embargo la elección fue diferente, y fue la de arrodillarse y someterse, esperando que de esta forma acabara la persecución a la UNA.

Eso explica el voto de la Rectora Vera, pero no lo justifica. Creer que de esta manera los Felippo dejarán en paz a la UNA es una fantasía. Rendirse frente al amedrentador solo le da el poder de continuar siéndolo. Tristes tiempos esperan a la UNA y a la universidad pública en general.

(*) Artículo posteado por el autor en el muro de su cuenta de Facebook.

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