La amenaza del segundo tiempo

Por José Pablo Feinmann, para Página 12

Otro 24 de marzo nos impulsa a la memoria, a no olvidar jamás, a seguir insistiendo en el tema de la justicia. La tortura era masiva y enormemente cruel en la ESMA. Era la herramienta de la dictadura militar. Le llamaban tarea de inteligencia. ¿Por qué “inteligencia”? ¿Puede la práctica más aberrante del ser humano ser calificada de “inteligente”? Sí, fue el general Aramburu el que trajo a los militares franceses de la guerra colonialista en Argelia para que instruyeran a los matarifes de aquí. Hay un libro de Roger Trinquier que se llama “La Guerra Moderna”. Ahí se postula el uso de la tortura sistemática como herramienta para obtener información. En la película “La batalla de Argelia” de Gillo Pontecorvo el comandante del ejército francés de ocupación ofrece una conferencia de prensa. Finalmente un periodista junta coraje y le hace la pregunta que nadie le ha hecho: “General, se dice que aquí, en Argelia, Francia tortura, ¿es cierto eso?” Frío, impávido, el general le responde: “Usted no tiene que preguntarse eso. Tiene que preguntarse, junto a todos los franceses, si quiere que Francia se quede en Argelia. Si lo quiere, no me pregunte por los métodos que usamos para lograrlo”. “La batalla de Argelia” es un filme tan estricto y riguroso que el ejército norteamericano lo usa como manual de contrainsurgencia en la base militar de Guantánamo y en todas las bases que tiene diseminadas por el mundo.

La tortura es el ejercicio más cruel de la violencia. Se les dice “bestias” a los torturadores. Pero esto es injusto con las “bestias”. Los animales no torturan. Luego, a esos cuerpos martirizados pero aún vivos los tiraban al mar. Durante estos días, cercanos al 24 de marzo, la llamada “oposición” agredió a Estela de Carlotto porque dijo que Mauricio Macri (un hombre que se hizo rico bajo el terror militar) tenía que ir preso. Vi a Gabriela Cerruti pronunciar, en la Cámara de Diputados, un vehemente discurso apoyando a Carlotto y denostando a esa oposición beligerante que la atacó. Pero, ¿podrá ir preso Macri? Si el nuevo Ministro de Justicia consigue hacer algo para limpiar del ámbito de la justicia a los jueces que la ofenden, puede ser. Pero será difícil. El dueño del Correo, de las fortunas offshore, el espía compulsivo, tiene demasiado poder, ya sea en la justicia, como en los medios, el empresariado, el llamado “campo” y la clase media anticristinista.

Ahora anda por los medios buscando visibilidad y preparándose para volver a ser candidato. Publicó un libro –ayudado por sus cortesanos- cuyo título es una prepotencia desafiante. “Primer Tiempo”, se llama. Futbolero de alma, MauMac ha recurrido al lenguaje de los estadios. Su gobierno habría sido un primer tiempo. Pero el partido no terminó. Queda aún el segundo tiempo en que él volverá a “hacer lo mismo pero más rápido”, como le dijera a Mario Vargas Llosa. Y así anda diciendo por los canales amigos (o propios, como “La Nación +”, donde ha metido a los periodistas que militan sin pudor alguno por sus intereses) diciendo que necesita un segundo tiempo porque durante el primero no tuvo (precisamente) eso: tiempo. El personaje es de una obstinación digna de alguna buena causa, él no tiene ninguna. Dijo: “Hay gato para rato”. Y parece que eso se propone. Flagelar a los argentinos con otro período presidencial. Créase o no, hay algunos que lo desean. Son los que dicen “Prefiero cagarme de hambre con Macri antes que votar a la Yegua”. Así de horrible es nuestro país. Estamos rodeados por esa clase de gente. Cada vez creo menos en las bondades de la condición humana. Pero aún mucho menos en las de ese pueblo argentino que se concentra sobre todo en la Capital Federal. (Y bastante en Córdoba y Mendoza.)

Entre tantas cosas que MauMac dijo hubo una que despertó comentarios. Que si Perón viviera votaría a Juntos por el Cambio. Eso dijo. Ya había dicho (también a Vargas Llosa en una charla anterior a la citada) que tenía preferencias por “el tercer Perón”. Pero claro que sí. MauMac puede apreciar mucho del tercer Perón. Ese que vino a castigar a la juventud y a toda la izquierda en general, el que aceptó que Isabel, López Rega y Villar armaran la infame Triple A, el que no recibía a la JP porque “esa juventud está cuestionada”. Con este Perón viejo, enfermo y milico (si se quiere: malo) MauMac iría hasta el fin. Pero cuidado: Perón era un hombre de muchas caras. ¿Aceptaría MauMac el Plan Trienal y la Ley de contratos de trabajo? De ningún modo. Perón era populista, nacionalista, estatista y enemigo del libremercado. No votaría a Juntos por el Cambio. Nunca fue tan malo. Durante su primer gobierno (y con Evita exigiéndolo) le dio diez largos años de felicidad al pueblo argentino. MauMac ni un par de horas. Sólo tristezas, amarguras, hambre. Si Dios existe (un cachito aunque sea) no le dará un segundo tiempo.

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