¿Por qué atacan a las retenciones?

En argentina existe un impuesto que gravan en distintos niveles las exportaciones de bienes en estado natural e industrializados. La exportación de soja paga 33% sobre el precio de exportación, mientras que en el Paraguay los envios del grano no pagan nada. La derecha ataca duramente al gobierno de Alberto Fernández por su intención de aumentar los impuestos a las exportaciones argentinas, que tienen forma de retención cambiaria, es decir, el estado se apropia de una porción de los dólares que ingresan gracias a las exportaciones.

Pedro Peretti, para Página 12.


Una serie de Fake News recorren los grupos de whatsApp generando dudas y desinformación sobre el origen, función y legitimidad de las retenciones. Estas no son más que un instrumento de política económica, ni más ni menos que eso. Son un medio, no un fin en sí mismo. Coadyuvan al objetivo final de una determinada política económica, que en el caso de los gobiernos populares es procurar el bienestar de todos/as, protegiendo a pequeños chacareros y mejorando el acceso a los alimentos de los sectores populares. Sirven más que bien si se las aplica bien a los dos objetivos, aunque la experiencia aconseja no enamorase de los instrumentos de política económica. Es como si uno va a juntar frutas con una escalera y se deslumbra con la escalera y se olvida de la fruta.

La derecha tuvo la habilidad política y comunicacional de ponerlas a la altura de un verdadero fetiche ideológico y convertirlas en un objeto de culto per se. Esto le permitió cavar en torno a ella una trinchera más que eficaz para enfrentar y hostigar a los gobiernos populares y sumar tras de sí a todo la pequeña y mediana burguesía rural.

¿Para qué sirven?… Se las puede usar para variados fines. Entre otros: para desacoplar los precios internacionales de los nacionales evitando “importar” inflación, o para fortalecer a un determinado sujeto productivo como los pequeños productores frente a los grandes terratenientes o simplemente para mejorar las cuentas fiscales, aumentando la recaudación, sin otro tipo de consideración o intencionalidad. 

 También podrían usarse (si bien en nuestro país aún no nos “animemos” a tener esa mirada) para diferenciar positivamente una forma de uso del suelo, como por ejemplo reducir la gabela al que tiene una chacra mixta o hace agroecología. Son más que flexibles, se la pueden usar solas o en combinación, por ejemplo, con los “cupos de exportación”, el control de precios o las juntas reguladoras; y no son, necesariamente, de uso continuo sino cuando se las requiere. 

Como todo instrumento depende exclusivamente de quien lo use y con qué objetivo. Es como un cuchillo; puede servir para el noble fin de comer un asado o para atacar a alguien.

¿Como se aplican? Esto es muy importante. Se las puede emplear de dos maneras: en forma “planas” eso significa poner a todos los productores en la misma bolsa y cobrarle una tasa fija cualquiera sea el tamaño y volumen de su explotación. O en forma segmentada. Se la puede usar de forma móvil o fija. Su ductilidad es muy alta a la hora de aplicarla por eso en más de 80 países en el mundo la utilizan de distintas formas. Es un instrumento que no envejece.

Su ausencia o presencia en el escenario económico no es garantía de bienestar general… Por ejemplo, durante el gobierno de Carlos Menen hubo retenciones cero y se desarticuló todo el cerco jurídico estatal de protección de pequeños productores y consumidores. En ese mismo período desaparecieron 103.000 explotaciones agropecuarias (todas mixtas) se pulverizaron 900.000 puestos de trabajos, 600 pueblos rurales quedaron al borde de su desaparición y se hipotecaron (¡vaya dato!) 12.000.000 de hectáreas sólo en el Banco Nación. Todo sin retenciones. 

En el periodo siguiente con Néstor y CFK, con retenciones, no se fundió ni se remató a nadie y se levantaron todas las hipotecas. Lo que importa es el objetivo final, no el instrumento. Todo depende quien lo maneje y en función de que. Un gobierno que se precie de popular no puede tratar como iguales a los que son estructuralmente distintos. No puede aplicar la misma retención a un productor de 50 hectáreas, que, a otro de 500, ni que a otros de 50.000. Son todos sujetos de distinto tamaño que deben tratarse en forma disímil. Más progresista es un gobierno cuando más discrimina a sus productores por el tamaño de sus campos…

Salud y cosechas.

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